Carta abierta a Raúl Castro

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Carta abierta a Raúl Castro

Por Luis A. Henríquez

En su intervención en la XIV Cumbre del ALBA-TCP, celebrada  en Caracas el día 5 de marzo de 2017, el presidente de Cuba Raúl Castro expresó “en Venezuela se libra hoy la batalla decisiva por la soberanía, la emancipación, la integración, y el desarrollo de nuestra América” en alusión a lo que viene como consecuencia de su intervención en la política de Venezuela y la complicidad de quienes ignorando la historia son sus cómplices en nuestro país.

Déjeme decirle algo “Presidente”, no subestime al pueblo de Bolívar y menos aún con posiciones ambiguas con las que usted acostumbra sostener sus conveniencias políticas. Es un irrespeto creer que la única opción para un país es el hambre o la sumisión, ignorando que existe algo más allá dentro de la naturaleza humana que es el orgullo y sentido de pertenencia, que en el caso nuestro, además está reforzado por la historia. Asimismo le informo que las conveniencias y oportunismos no tienen cabida en la nueva Venezuela.

Un país nuevo diferente resurgirá de las consecuencias que ustedes han provocado, lamentablemente y poco probable no será en paz como todos lo hemos deseado y aún tenemos esperanzas. Sin embargo, su insolencia y la de sus cómplices internos será acallada por la desesperación, el miedo la angustia pero también por el valor de quienes no soportan más las contradicciones de un sistema que alaba al pueblo para esclavizarlo a través de un discurso sinuoso que pretende llevar a una nación para que piense que su única salvación es pactar y obedecer a sus verdugos.

Se ha tenido paciencia y tolerancia con pretensiones similares a las que se rechazan y que han sido superadas a través de experiencias, algunas negativas pero nunca tan nefastas como las actuales. Usted bien sabe, porque ha tratado de “iniciar un proceso de cambio necesario en las políticas anacrónicas de su país” que se deben escuchar las voces que denuncian la necesidad o ésta termina por imponerse.

A usted le quedará en su conciencia las consecuencias de las acciones pero la frustración de la derrota y a nosotros el sentimiento agridulce de la victoria acompañada de las consecuencias de la confrontación fratricida. Deshacerse de quien trató de invadirnos ideológicamente deja traumas pero mayores son las consecuencias que padece la gente hoy en día ante una miserable realidad que lejos de ser el mar de la felicidad se ha convertido en una tormenta en alta mar.

El escenario de la violencia es el que debemos evitar y quienes creemos en la paz solo invocamos y fomentamos salidas al problema en ese escenario. Sin embargo, superar la crisis no está condicionada a la subordinación chantajista que solo le importa obtener beneficios a costa de los sacrificios de un pueblo, ajeno, propio o ambos.

Presidente Raúl Castro, así como usted constantemente en sus discursos, exige respeto a la soberanía de Cuba, Venezuela y yo en particular, no solo le exijo sino le ordeno como venezolano ofendido con su afrentoso discurso, dejar de echarle gasolina a la candela y dese cuenta que quien persigue una falsa realidad termina por ser atropellado por la verdad…

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